Dichosos ...los hermanos

sábado, 3 de octubre de 2015
Dichosos      …los hermanos.

Dichoso el siervo que ama tanto a su hermano
cuando está enfermo y no puede corresponderle,
como cuando está sano, y puede corresponderle.
Dichoso el siervo que ama y respeta tanto a su hermano
cuando está lejos de él como cuando está con él,
y no dice a sus espaldas
lo que no puede decir con caridad delante de él. (Adm XXV)

Hoy es un día para alegrarnos y agradecer a Dios el don de su hijo Francisco, padre y hermano de los que seguimos a Cristo, hijo de Dios. Las huellas de Francisco tienen la dirección de Cristo, la forma de Cristo.
Algo que nos deslumbra y salta ante nuestros ojos al contemplar a Cristo, es su amor gratuito, su donación de sí mismo, su humildad, su solo interés por hacernos encontrar la verdadera felicidad. La felicidad de Dios es nuestra felicidad, hacernos felices. Y descubrimos que no ha ido a la tienda a comprar juguetes a sus discípulos, ni les ha dado dinero, ni les ha prometido riquezas, fama, plena salud para nunca enfermarse, etc. Y aún así Jesús los ha hecho felices ¿cómo? Siendo su hermano, su maestro, su consuelo, su fuerza, su guía, su compañero de camino, su sentido, su plenitud, su Dios.  Así los sedujo y los enamoró, así llenó sus vidas, su corazón, con un amor puro y desinteresado. Jesús les mostró el amor puro amándolos. Y No hay corazón humano que se resista a este tipo de amor, que al fin de cuentas es el único y verdadero amor. Nadie puede resistirse a él, pues lo anhela todo ser humano, hombre y mujer, lo busca todo corazón, pues para él, para este amor, hemos sido creados.

Jesucristo, por ser el Santo de Dios, en todo semejante a nosotros menos en el pecado, es capaz de amar con corazón y mente puros, sin sombra de egoísmo ni interés. Francisco de Asís, con aguda mirada descubrió este amor de Cristo el cual, despojado de todo, le sedujo al mismo tiempo que le mostraba el camino para encontrar en su vida el verdadero deleite, la verdadera saciedad: despojarse de todo y llenarse de Dios y así imitar a Cristo obedeciéndolo en el mandamiento del amor. Miró a Cristo desnudo al nacer en la precariedad de una gruta sucia, al ser puesto en un comedero de animales, lo miró rechazado, escupido y golpeado en su Pasión; lo miró desnudo en la Cruz, sin nada, contando solamente con su Madre, a quien también donó. Teniendo en sus ojos y corazón al Cristo Pobre, descubrió su propia pobreza, y que no podía cumplir el mandato de amar que Cristo le hacía, si Él mismo no lo ayudaba, sin contar con su gracia y sin despojarse, por su parte, de todo lo que le estorbase para poner al centro de su corazón los hermanos que Dios le daba (la humanidad, la creación, el universo) para amar. No puedo amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, ni a mis hermanos, si no los pongo al centro de mi corazón, si otra cosa ocupa ese lugar.
Podemos decir que san Francisco nos enseña una nueva dicha, una nueva bienaventuranza, en todo de acuerdo a la enseñanza de Cristo: BIENAVENTURADO, DICHOSO EL SIERVO DE DIOS QUE SABE AMAR AL HERMANO.

Hoy, el mundo tiene hambre de este amor que crea fraternidad. Y tengamos confianza en que si yo, aún en lo secreto, escondido de las miradas, realizo obras de caridad por solo amor de Cristo, estoy haciendo presente el reino y contribuyendo a la nueva humanidad. El mundo y el diablillo te dicen: enséñales a amar a los demás, tú sí has comprendido esto, sálvalos de su ignorancia, haz cosas grandes, que se note la fuerza de Dios en ti…..    De igual manera


tentó Satanás a Jesús en el desierto: transforma, usa tu poder, comprueba que Dios está contigo; y hasta en la Cruz: baja de la Cruz y te creeremos!! No es consiguiendo la aprobación del mundo como conseguirás ser buen cristiano, estar haciendo lo correcto. Estarás siendo y haciendo como el mundo quiere. Solamente mirando a Cristo crucificado podremos darnos cuenta si estamos amando lo suficiente y según el corazón de Dios.  Solamente en el diálogo confiado con Dios, en la espera plenamente confiada en Él, en el abandono total en sus manos, solamente, dirá Clara de Asís, mirándote en el espejo que es Jesucristo.

Por eso nos ha cautivado este hombre tan pequeño, débil, frágil: por haber hecho caso a Jesús y haber perseverado en ser y hacer como Él es y hace. Francisco de Asís nos muestra la armonía de una vida coherente con lo que Dios le mostraba: pequeñez, servicio, humildad, sin pretender imponer a nadie, ofrecimiento de sí, amor incondicional, etc. Nunca olvidaba cada descubrimiento espiritual que Dios le regalaba, sino que lo iba asimilando y armonizando coherentemente con todo lo demás que el mismo Dios le iba mostrando.

Dichoso el siervo de Dios que sabe amar al hermano, que se hace su hermano, pues ahí encuentra el gozo perfecto, pues donde hay amor, ahí Dios está, y la presencia de Dios es alegría completa, gozo pleno. Buscar la felicidad de mi hermano es haber encontrado la mía, Dios que me llena y está conmigo.  Y Francisco va más allá: la alegría perfecta sí es estar dispuesto a amar con mente y corazón puros al hermano cuando puede corresponderme como cuando no, eso ya es un nivel bastante alto, lograr vencer mis intereses por la recompensa que Dios me promete; pero Francisco nos dice aún más, dichoso aquel que está dispuesto a amarlo y perdonarlo cuando me rechaza y me aparta y me humilla. Esa es la Perfecta alegría, gozo pleno, no hay mayor, pues es el amor de Cristo. 

FELIZ FIESTA DE SAN FRANCISO

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